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miércoles, 26 de marzo de 2025

Mujer, deja de huir



Génesis 6:7 - Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur. 


Agar huyó, pero Dios la encontró. Dios fue en busca de una sierva rebelde, que no solo había sido víctima sino también victimaria. Una sierva egipcia que no pertenecía al pueblo de Dios, pero que había sido introducida de forma abrupta en la familia de Abram 


“Al ser la mujer de temperamento servil e indomable ferocidad, eligió huir en lugar de volver a ganarse el favor a través del humilde reconocimiento de su falta” Calvino


8 Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai mi señora. 


Si bien la familia de Abram no estaba pasando por su mejor momento, Dios cuidaba de Abram. Agar estaba huyendo de un lugar de protección dónde Dios estaba presente hacia un Egipto, un mundo ajeno a Dios, debiendo atravesar un desierto lleno de peligro.


Ante la adversidad, Agar pensaba regresar al mundo. Sin embargo, Dios la buscó. 


Cuando somos oprimidos, la salida no es volver a la vieja vida, a viejas costumbres, a la banalidad de la vida, la salida siempre va a estar en Cristo. 


“Preguntar de dónde venimos nos mostraría nuestro pecado y nuestra locura. Considerando a dónde iremos, descubre nuestro peligro y miseria” Mathew Henry



9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano. 


Dios le dijo a Agar que debía regresar y obedecer a su señora. Dios llama a Agar al arrepentimiento. Agar “olvidando su propia condición, se había enaltecido de manera más insolente y audaz de lo que correspondía a una sierva.” (Calvino)


Agar era una madre soltera con un problema de orgullo. Por eso, ella debía reconocer su mal actuar y regresar para restaurar la relación y el orden en la casa. Agar debía ponerse debajo de Sarai. Dios le pide que se humille delante de su ama. Regresar era reconocer que no había sido una buena sierva y que estaría dispuesta a cambiar su actitud para reconciliar la relación.


“Y realmente, dado que nada es mejor que, a través de la obediencia y la paciencia, aplacar la severidad de aquellos que tienen autoridad sobre nosotros, debemos esforzarnos especialmente en inclinarnos hacia la benevolencia a través de nuestra humillación, cuando los hemos ofendido con nuestro orgullo.” Calvino


Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo -  1 Pedro 5:6


Esta humillación no es una humillación degradante, no tiene nada que ver con nuestra dignidad. No estamos en una batalla en dónde reconocer nuestros errores equivaldría a ser derrotados. Todo lo contrario, reconocer nuestros pecados, nuestro orgullo, produce mayor humildad en nuestro carácter. Nos hace reconocer quién verdaderamente somos y cuál es nuestro lugar en el universo. 


Debemos ver la confesión de nuestros pecados y/o errores como una virtud y no como una debilidad. El mundo nos ha hecho creer que reconocer nuestros errores es de débiles, perdedores, y que el orgullo es nuestra mejor virtud para lograr las metas, pero no es así para Dios. Dios nos ve y ve cuando dejamos nuestro orgullo de lado y confesamos nuestras faltas. La confesión nos libera de una carga que no podemos llevar, que nos impide avanzar en nuestra vida cristiana, por eso, su Palabra nos anima a confesar de forma diaria nuestros pecados. Sólo liberándonos de este peso, podemos re encauzar nuestra vida, dejar de huir, superar la adversidad.


En este encuentro podemos ver un cuadro del evangelio, Dios va en busca del pecador, en este caso, en busca de Agar. Es una iniciativa divina por el puro afecto de su voluntad. Luego, al preguntarle ¿de dónde vienes y a dónde vas? Dios confronta a Agar con su pecado. Agar confiesa su pecado, y Dios la llama al arrepentimiento. Fue en el encuentro con Dios, en la soledad del desierto, en dónde Agar entendiendo su condición encuentra en Dios, en la confesión y en el arrepentimiento, el camino de regreso a casa. 


lunes, 31 de octubre de 2022

Mujer, deja el orgullo sigue la humildad



"La humildad es el fin y la muerte del ego que renuncia a toda honra de los hombres, como Jesús hizo, para recoger la honra que viene solamente de Dios; que se considera y hace de sí aún absolutamente nada, para que Dios pueda ser todo, para que solamente el Señor sea exaltado." Andrew Murray

Solo al vaciarme del yo, podré dar lugar a Cristo en mi. 

Antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo - Filipenses 2:3-9

¿A quién ven cuándo me ven? ¿Me ven a mi o ven a Cristo? El abandonar el yo es un asunto complejo que puede llevar largo tiempo de aprender. Dios nos dio un tiempo para que podamos aprender este asunto, toda una vida. Sin embargo, cuánto más rápido estemos dispuestos a dejar nuestro yo, más preparados estaremos para vivir una vida como Cristo. ¿Quieres ser como Cristo? Abandona el yo, renuncia a buscar lo tuyo, y Él te llenará con su Espíritu para que vivas una vida plena, sin necesidad de nada, solo de Cristo.