Es interesante notar que el capítulo 16 de Génesis, que nos contará la historia de Agar e Ismael, comienza con la frase “Sarai mujer de Abram no le daba hijos” y termine con “ Era Abram de edad de ochenta y seis años, cuando Agar dio a luz a Ismael.”
Aparentemente un problema humano que evidentemente preocupaba a Sara y seguramente a Abram. Si bien la preocupación podría haber comenzado en Sara, para Abram no le fue indiferente. A un problema humano, se obtuvo una respuesta humana. Esta situación no fue llevada a la presencia de Dios sino que inmersa en la ceguera espiritual y en el pragmatismo, Sara decidió buscar una solución rápida y eficiente, o eso creyó que era, al entregarle a Agar a Abram para concebir un hijo.
¿Cuántas veces dejamos que los problemas nos nublen de tal manera que no permiten poner los ojos en el cielo y buscar a Dios? Al poner los ojos en el cielo, buscar a Dios, se abre una nueva perspectiva que nos permite ver con los ojos de la gracia y de la fe llevándonos a descansar en su persona y en su poder. No siempre habrá un cambio de circunstancias, pero siempre habrá un cambio de corazón.
«Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, Porque tú eres el Dios de mi salvación; En ti he esperado todo el día.» Salmo 25.4-5

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