lunes, 19 de mayo de 2025

El Dios de los imposibles



Genesis 17:15 Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. 

Dios, quien es fiel a su propósito pese al error humano, se aparece nuevamente a Abram para reafirmar el pacto original y comprometerse nuevamente a esa relación ya establecida. (Comentario Mundo Hispano) 

La bondad gratuita de Dios brilla más claramente, porque, aunque los hombres impiden el curso de ella por obstáculos propios, sin embargo, les llega. Calvino

Dios se le aparece a Abram como el Todopoderoso - El Shaddai revelando su persona y carácter. Dios desea recordarle su promesa. Solo que esta vez Dios, menciona a Sara como parte de su plan. Dios poné más imposibles a su propio plan. Sara era esteril y ya entrada en años como para que pudiera concebir. Sin embargo, Dios tenía un plan para sus vida, para la vida de Sara. Dios cambia el nombre a princesa como parte de la proyección de su plan: será madre de naciones. También el cambio de nombre funciona como una garantía de parte de Dios. 

16 Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. 

Solo si somos bendecidas por Dios puede salir bendición para otros. La bendición vino a Sarai y a través de ella pudo ser de bendición a Abraham. Dios usó a Sara para ser de bendición a los demás. La bendición de Jehová para Sara era un hijo. Como si Abram estuviera dudando, Dios le re afirma: Si, la bendeciré. Dios nos recuerda siempre sus promesas. Nuestra tendencia es a olvidar las bondades de Dios, olvidamos lo poderoso que es y los milagros que él puede hacer.  

Al enfatizar en la palabra «ella», Dios muestra su plan de que este hijo no vendría de una madre sustituta (como con Agar e Ismael). Sara misma daría a luz, aunque había pasado de la edad normal para eso. (Comentario EWord)

17 Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rio, y dijo en su corazón: ¿A un hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir? 

La novedad de la cosa le sorprende tanto, que por un corto tiempo está confundido; Sin embargo, él se humilla ante Dios, y con la mente confundida, postrado en la tierra, él, por fe, adora el poder de Dios. Calvino

Si bien sólo fueron pensamientos, en su interior, quizás por lo engañoso del corazón, Abram le costaba creer en lo que Dios le estaba diciendo. Le costaba creer porque lo que Dios le decía era simplemente imposible. Sin embargo, a pesar de estar desconcertado, de no comprender, Romanos 4.17-21 nos enseña que Abraham confió en la promesa de Dios, creyó en su Palabra 

La risa de Abraham no parece ser una de duda cínica, sino una de alegría por algo que sabía que parecía imposible por la apariencia externa, pero que Dios podía hacer. (Comentario EWord)

El pensamiento desconcertante repentinamente se precipitó sobre su mente, "¡Qué cosa más extraña es que un hijo nazca hasta los cien años!" Esto, sin embargo, parece ser una especie de competencia entre la razón carnal y la fe; porque aunque Abraham, postrado reverentemente ante Dios, somete su propia mente a la palabra divina, todavía está perturbado por la novedad del asunto. Respondo que esta admiración, que no obstruyó el curso del poder de Dios, no fue contraria a la fe; más aún, la fuerza de la fe brilló con mayor intensidad al superar un obstáculo tan arduo. Calvino

"Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido". (Romanos 4:17-21)

¿Dudar o tener fe? Esa es la cuestión.

Abram se estaba convirtiendo en un gran hombre de fe, pero no se hace un gran hombre de fe de un día para otro. Se necesitan muchos años donde Dios trabaje en la vida de un hombre, años de confiar en Dios en los momentos triviales, intercalados por unos encuentros espectaculares con el Señor. (Comentario EWord)

La promesa de un hijo por medio de Sara demandaba fe en Dios y una espera adicional. A Abraham le parecía más fácil andar por lo visible y no por lo invisible en lo cual debía ejercitar nuevamente la fe en Dios. (Comentario Mundo Hispano)

El Señor a menudo renueva esta promesa; porque la repetición misma muestra que no se prometió ninguna bendición común. (Comentario Calvino)

18 Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. 

Abram estaba tan desconcertado que se imaginó que la promesa de la descendencia vendría por Ismael. Abram tenía un pensamiento racional, pero Dios no siempre actúa de forma racional. Los pensamientos y planes de nuestro Dios se nos escapan a nuestra mente.

"Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos" Isaias 55:8-9.

Lo grandioso de esto es que aunque no entendamos todo, podemos estar completamente seguros en él, poner nuestra fe en él, descansar que sus pensamientos y sus planes para nuestras vida son mejores, más altos, con mayor peso de Gloria, Él cumple sus promesas.  

Durante nuestra incertidumbre, podemos decir como Job: “Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí” Job 19:25-27.

“Puse mi fe en Jesús, Mi ancla firme está, Mi esperanza y un fundamento firme, el nunca me dejará caer” 




19 Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. 


Ante la confusión de Abram, Dios le reafirma con claridad que la descendencia del pacto vendrá de Sara. Despierta la mente de su siervo dormida. Le dice con firmeza: 'Será Sara quien te dará un hijo'. Es como si le dijera: 'Aunque te cueste creerlo, tu descendencia nacerá de ella. Sus pensamientos estaban confinados dentro de unos límites muy estrechos, le pide que amplíe su mente para contemplar su promesa de su futuro descendiente por Sarai.

Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? Números 23.19

¿Te cuesta creer en las promesas de Dios? Parece que a Abram también le costaba creer en lo imposible.

Además de reafirmar la promesa de su descendencia, Dios le manda a nombrar a su hijo: Isaac (rie) 

La bendición que viene de Dios trae felicidad a la vida. No sólo una sonrisa que ilumina los rostros sino una alegría interna que se traduce en agradecimiento a nuestro Dios. 

Seguramente el nombre de Issac le recordaría a Abram que Dios a pesar de nosotros cumple sus promesas. 

20 Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación. 

Dios escucha la oración de un padre. Dios sabía que Ismael ocupaba un lugar importante en el corazón de Abram. Por eso, Dios le prometió una gran nación para Ismael. Ismael no quedaría desplazado. Él también tendría su lugar.  Él también tendría su lugar por lo menos en lo concerniente a la vida terrenal. 


La diferencia más destacada es que la descendencia de Ismael, fruto de un plan humano, no llegará a ser parte del pacto. Gal 4:21-31 (Comentario Mundo Hispano)

El pacto de Dios será con Isaac. Porque el plan de Dios era mucho más trascendente de lo que Abram se podía imaginar. El pacto de Dios se cumpliría en el tiempo de Dios. 

El pacto debía cumplirse a su tiempo. (M. Henry)

21 Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene. 22 Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham.

Tres veces, Dios le repite que de Sara vendrá la descendencia para el pacto. A veces necesitamos que nos repitan las promesas de Dios para que penetren en nuestro corazón hasta saciar nuestra alma.

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