9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano.
¿Qué llevó a Agar a obedecer a Dios? ¿Por qué obedecer sus mandamientos? ¿Sólo por temor a las consecuencias o por las promesas de sus bendiciones? ¿Qué nos motiva a la obediencia?
La obediencia de Agar no estaba condicionada por el cumplimiento de la promesa de la multiplicación de su descendencia sino que estaba motivada por un genuino arrepentimiento, por un conocimiento profundo y sincero de Dios, y por un impulso divino a ponerse en las manos de Dios.
Agar se encuentra en la misma situación que el salmista en Salmo 40:8: “Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”. Dios escucha el clamor del necesitado y se inclina para ayudarlo, su compasión es admirable. Agar en su momento de desesperación en el desierto es socorrida por Dios. Ella es consciente de que no merecía su favor. La misericordia de Dios es tan desbordante que se hace irresistible y muchas veces incomprensible. Él extiende su mano y nos ayuda, sin estar obligado a hacerlo. Ante semejante revelación, ¿Cómo no responder con gratitud y proclamar: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado”?
Dios le estaba pidiendo que regresara a un hogar abusivo, pero le hizo una promesa implícita de protección (Comentario eWord)
10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud.
Calvino señala que con el fin de mitigar la ofensa y aliviar lo severo del precepto con consuelo, promete una bendición en el hijo que ella debería concebir. Dios podría, en efecto, haber ordenado estrictamente lo que era correcto por su propia autoridad; pero para que Agar cumpliera más alegremente lo que sabía que era su deber, la atrae, como con halagos, a la obediencia. Y hacia este punto tienden esas promesas con las que nos invita a la sumisión voluntaria. Porque no quiere llevarnos mediante métodos serviles, para que obedezcamos sus mandamientos por coerción; y por lo tanto, mezcla invitaciones suaves y paternales con sus mandatos, tratándonos liberalmente, como a hijos.
Dios le promete que su descendencia no podría ser contada a causa de su multitud. Una promesa que seguramente traería consuelo y esperanza al alma de Agar. Es interesante que la promesa de Dios se la entrega a ella en un momento de angustia.
A través de esta promesa, Calvino señala que aunque el pacto de la vida eterna no pertenecía a Ismael, para que no estuviera completamente sin favor, Dios lo constituyó padre de un pueblo grande y famoso. Y así vemos que, en relación con esta vida presente, la bondad de Dios se extendió a la descendencia de Abram según la carne.
A diferencia de la promesa que Dios le hizo a Abram, Dios sólo le prometió una gran descendencia de Agar. Más tarde, después de ser expulsada con Ismael, Dios reafirma que hará de él una gran nación porque es descendiente de Abraham (Génesis 21:13, 18). Podemos observar que las promesas de Dios fueron diferentes para cada pueblo. La promesa a Abram tiene más trascendencia y amplitud ya que se da en el contexto del llamado de Dios a dejar su tierra y su parentela para ir a una tierra que Él le mostraría. Es una promesa fundacional para el pueblo de Israel y la historia de la salvación. Dios no solo le prometió una gran descendencia a Abrahm, sino que también le prometió una gran nación, bendición y renombre, una tierra y ser de bendición para todas las naciones a través del Mesías.
A lo largo de la historia, diversas fuentes judías, cristianas e islámicas han asociado a los descendientes de Ismael con las tribus árabes. El término "ismaelita" se ha utilizado históricamente para referirse a los árabes en general. Si bien no se formó una única nación unificada bajo el nombre de "Ismael", los descendientes de Ismael dieron origen a numerosas tribus y, posteriormente, a varios reinos y naciones árabes que han tenido una influencia significativa en la historia, la cultura y la política de la región y del mundo.
En esta narración bíblica podemos observar la omnisciencia de Dios y que Dios siempre cumple sus promesas.
11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción.
Dios le confirma que su hijo nacerá. Quizás Agar ya se daba por muerta o creía que su hijo no iba a sobrevivir. Sin embargo, Dios le anticipa lo que sucederá para traerle consuelo y esperanza. El consuelo y la esperanza que Dios nos ofrece con su Palabra sólo se hace real en aquellas personas que a través del Espíritu Santo confían plenamente en Él.
Como señala Calvino, en ningún momento el texto menciona que Agar buscó a Dios en oración, así que, se puede conjeturar que cuando estaba aturdida por sus sufrimientos, el ángel vino por su propia voluntad.
Por lo tanto, Calvino concluye que es de observar que haya dos formas en las que Dios mira a los hombres con el propósito de ayudarlos: ya sea cuando, como suplicantes, imploran su ayuda; o cuando él, incluso sin que se lo pidan, les socorre en sus aflicciones. Es cierto que se dice especialmente que él escucha a aquellos que, por medio de oraciones, lo invocan como su Libertador. Sin embargo, a veces, cuando los hombres están mudos y, debido a su aturdimiento, no dirigen sus deseos hacia él, se dice que escucha sus miserias. Es probable que este último modo de escuchar se cumpliera para Agar, porque Dios la encontró libremente vagando por el desierto.
Si está presente para aquellos que no lo buscan, mucho más será propicio a los deseos piadosos de su propio pueblo.
Y llamarás su nombre: Ismael.
El significado del nombre Ismael es Dios oirá - escuchará. Dios había visto la situación de Agar. Dios no estaba ajeno a la vida de Agar. En esta escena podemos ver la misericordia de Dios. Si la descendencia prometida debía venir por Sara, ¿por qué Dios permitió que Agar concibiera y luego tuviera una gran descendencia? Dios tiene un plan para la descendencia de Ismael. Cuando el pueblo de Ismael clame al Dios verdadero, él escuchará.
Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó a él, le oyó. Salmo 22.24
Nuestro Dios es un Dios de Misericordia, una misericordia incomprensible para nosotros. A pesar de nuestros fracasos y que muchas veces no le buscamos, Dios sigue obrando con compasión y encamina las cosas para bien.


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