miércoles, 23 de abril de 2025

Mujer, Dios te ve



El Dios que me ve.

13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve? 

Agar, quien antes tenía un temperamento salvaje e ingobernable, comienza ahora finalmente a reconocer la providencia de Dios, conoce a Dios de una forma peculiar. Este encuentro con Dios transforma por completo a Agar y su destino. Este encuentro la hizo mirarse a sí misma y ver lo que Dios veía de ella y ahora puede ver a Dios. ¿No he visto también aquí al que me ve? Las vendas de sus ojos fueron quitadas y ella pudo ver a Dios de otra manera, Agar tuvo una revelación acerca de Dios como nunca antes había tenido. 

Es en las circunstancias más difíciles, en medio de la densa oscuridad de nuestra mente, donde Dios se manifiesta para abrir nuestros ojos a una verdad nueva. Una verdad que siempre estuvo presente, pero que permanecía velada ante nuestra mirada. Solo a través de la aflicción podemos ver al Dios que nos ve.

El Dios que ve (Roi). Ahora Agar entiende la omnisciencia de Dios y su profundo conocimiento acerca de su creación y sus criaturas. Asimismo, la idea del Dios que ve también está relacionado con un Dios que no está distante sino que observa activamente y participa en la vida de su pueblo. Agar entiende que puede tener una relación con el Dios que nos ve.

Calvino señala en su comentario que Agar, que antes parecía estar llevada por el azar a través del desierto, ahora percibe y reconoce que los asuntos humanos están bajo el gobierno divino. Y quien esté persuadido de que es observado por Dios, debe necesariamente vivir como si estuviera ante su presencia.

En un contexto bíblico, la capacidad de Dios para ver es una garantía de su providencia y cuidado. El término "roi" se usa célebremente en Génesis 16:13, donde Agar nombra a Dios "El Roi", que significa "el Dios que me ve", después de que este se le apareciera en el desierto. (Diccionario Strong) 

Agar entiende que Dios ha visto su aflicción y que tiene un control soberano sobre la situación. Entender al Dios que ve trae consuelo a su vida. ¿Entender la omnisciencia de Dios trae consuelo a tu vida, o genera temor?

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28

La Palabra nos asegura que todas las cosas, ya sean buenas o malas, obran para nuestro bien, cuando amamos a Dios. El propósito final de todo lo que vivimos es Su gloria. Si, esas cosas que muchas veces parecen no tener sentido y sólo traen dolor a nuestro corazón. Esas cosas también nos ayudan para bien.

Cuando comprendemos el inmenso amor de Dios y su eterna misericordia, el temor no tiene lugar. Su amor nos llena, nos transforma, y nos libera de todo temor

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. 1 Juan 4:18

Si al pensar en la omnisciencia o soberanía de Dios sientes temor, quizás aún haya áreas donde no has confiado plenamente en Su bondad y misericordia. Puede que queden dudas.

Es momento de dejar atrás las dudas y rendirnos completamente al amor de Dios, creyendo con una fe firme que Él tiene un plan para nuestro bien y para Su gloria. Deja que Dios te perfeccione en el amor. Déjate completar por Él.

Calvino extrae una preciosa conclusión sobre Agar: 

En primer lugar, Agar se reprende a sí misma, porque, como antes había sido demasiado ciega, incluso ahora abrió sus ojos demasiado lentamente e indolentemente para percibir a Dios. Porque agrava la culpa de su torpor con la circunstancia tanto del lugar como del tiempo. Había encontrado frecuentemente, por muchas pruebas, que era considerada por el Señor; sin embargo, quedándose ciega, había despreciado su providencia, como si con los ojos cerrados lo hubiera pasado por alto cuando se le presentó. Ahora se acusa a sí misma por no haberse despertado más rápidamente cuando apareció el ángel. La consideración del lugar también tiene un gran peso, porque Dios, quien siempre había testificado que estaba presente con ella en la casa de Abram, ahora la perseguía como fugitiva, incluso en el desierto. Implicaba, de hecho, una base ingratitud de su parte, ser ciega ante la presencia de Dios; de modo que incluso cuando sabía que él la estaba mirando, ella no, a su vez, alzaba los ojos para verlo. Pero fue una ceguera aún más vergonzosa que ella, siendo considerada por el Señor, aunque era una errante y una exiliada, pagando la justa pena de su perversidad, aún no lo reconocía como presente. Ahora vemos el punto al que tiende su autorreproche; 'Hasta ahora no he buscado a Dios, ni lo he tenido en cuenta, excepto por obligación; mientras que antes se había dignado mirarme: incluso ahora en el desierto, donde, siendo afligida por males, debería haberme despertado de inmediato, he estado, según mi costumbre, aturdida: ni habría alzado mis ojos hacia el cielo, a menos que primero el Señor me hubiera mirado.

14 Por lo cual llamó al pozo: Pozo del Viviente-que-me-ve. He aquí está entre Cades y Bered.

Agar, quien, no contenta con una simple confesión, deseaba que la misericordia de Dios fuera atestiguada en el futuro; y, por lo tanto, transmitió su testimonio, como de mano en mano. De aquí inferimos cuán útil es que aquellos que no se humillan libremente sean sometidos por golpes. Agar, quien siempre había sido indómita y rebelde, y quien, al fin, había sacudido completamente el yugo; ahora, cuando la dureza de su corazón fue quebrantada por las aflicciones, aparece como otra persona por completo. Sin embargo, no fue reducida a la orden solo por los golpes; sino que también se le añadió una visión celestial, que la detuvo por completo. Y lo mismo es necesario para nosotros; es decir, que Dios, al castigarnos con su mano, también nos traiga a un estado de sumisión y mansedumbre por su Espíritu. - Comentario Calvino

Agar deseaba testificar que había sido considerada favorablemente por Aquel que era el Dios Viviente, o el Autor de la vida.- Comentario Calvino


martes, 15 de abril de 2025

El Dios de toda misericordia





9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano.


¿Qué llevó a Agar a obedecer a Dios? ¿Por qué obedecer sus mandamientos? ¿Sólo por temor a las consecuencias o por las promesas de sus bendiciones? ¿Qué nos motiva a la obediencia? 


La obediencia de Agar no estaba condicionada por el cumplimiento de la promesa de la multiplicación de su descendencia sino que estaba motivada por un genuino arrepentimiento, por un conocimiento profundo y sincero de Dios, y por un impulso divino a ponerse en las manos de Dios. 

Agar se encuentra en la misma situación que el salmista en Salmo 40:8: “Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”. Dios escucha el clamor del necesitado y se inclina para ayudarlo, su compasión es admirable. Agar en su momento de desesperación en el desierto es socorrida por Dios. Ella es consciente de que no merecía su favor. La misericordia de Dios es tan desbordante que se hace irresistible y muchas veces incomprensible. Él extiende su mano y nos ayuda, sin estar obligado a hacerlo. Ante semejante revelación, ¿Cómo no responder con gratitud y proclamar: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado”?

Dios le estaba pidiendo que regresara a un hogar abusivo, pero le hizo una promesa implícita de protección (Comentario eWord)

10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud. 


Calvino señala que con el fin de mitigar la ofensa y aliviar lo severo del precepto con consuelo, promete una bendición en el hijo que ella debería concebir. Dios podría, en efecto, haber ordenado estrictamente lo que era correcto por su propia autoridad; pero para que Agar cumpliera más alegremente lo que sabía que era su deber, la atrae, como con halagos, a la obediencia. Y hacia este punto tienden esas promesas con las que nos invita a la sumisión voluntaria. Porque no quiere llevarnos mediante métodos serviles, para que obedezcamos sus mandamientos por coerción; y por lo tanto, mezcla invitaciones suaves y paternales con sus mandatos, tratándonos liberalmente, como a hijos.


Dios le promete que su descendencia no podría ser contada a causa de su multitud. Una promesa que seguramente traería consuelo y esperanza al alma de Agar. Es interesante que la promesa de Dios se la entrega a ella en un momento de angustia.


A través de esta promesa, Calvino señala que aunque el pacto de la vida eterna no pertenecía a Ismael, para que no estuviera completamente sin favor, Dios lo constituyó padre de un pueblo grande y famoso. Y así vemos que, en relación con esta vida presente, la bondad de Dios se extendió a la descendencia de Abram según la carne.


A diferencia de la promesa que Dios le hizo a Abram, Dios sólo le prometió una gran descendencia de Agar. Más tarde, después de ser expulsada con Ismael, Dios reafirma que hará de él una gran nación porque es descendiente de Abraham (Génesis 21:13, 18). Podemos observar que las promesas de Dios fueron diferentes para cada pueblo. La promesa a Abram tiene más trascendencia y amplitud ya que se da en el contexto del llamado de Dios a dejar su tierra y su parentela para ir a una tierra que Él le mostraría. Es una promesa fundacional para el pueblo de Israel y la historia de la salvación. Dios no solo le prometió una gran descendencia a Abrahm, sino que también le prometió una gran nación, bendición y renombre, una tierra y ser de bendición para todas las naciones a través del Mesías.


A lo largo de la historia, diversas fuentes judías, cristianas e islámicas han asociado a los descendientes de Ismael con las tribus árabes. El término "ismaelita" se ha utilizado históricamente para referirse a los árabes en general. Si bien no se formó una única nación unificada bajo el nombre de "Ismael", los descendientes de Ismael dieron origen a numerosas tribus y, posteriormente, a varios reinos y naciones árabes que han tenido una influencia significativa en la historia, la cultura y la política de la región y del mundo.


En esta narración bíblica podemos observar la omnisciencia de Dios y que Dios siempre cumple sus promesas.  


11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción.


Dios le confirma que su hijo nacerá. Quizás Agar ya se daba por muerta o creía que su hijo no iba a sobrevivir. Sin embargo, Dios le anticipa lo que sucederá para traerle consuelo y esperanza. El consuelo y la esperanza que Dios nos ofrece con su Palabra sólo se hace real en aquellas personas que a través del Espíritu Santo confían plenamente en Él.  


Como señala Calvino, en ningún momento el texto menciona que Agar buscó a Dios en oración, así que, se puede conjeturar que cuando estaba aturdida por sus sufrimientos, el ángel vino por su propia voluntad. 


Por lo tanto, Calvino concluye que es de observar que haya dos formas en las que Dios mira a los hombres con el propósito de ayudarlos: ya sea cuando, como suplicantes, imploran su ayuda; o cuando él, incluso sin que se lo pidan, les socorre en sus aflicciones. Es cierto que se dice especialmente que él escucha a aquellos que, por medio de oraciones, lo invocan como su Libertador. Sin embargo, a veces, cuando los hombres están mudos y, debido a su aturdimiento, no dirigen sus deseos hacia él, se dice que escucha sus miserias. Es probable que este último modo de escuchar se cumpliera para Agar, porque Dios la encontró libremente vagando por el desierto. 


Si está presente para aquellos que no lo buscan, mucho más será propicio a los deseos piadosos de su propio pueblo.

Y llamarás su nombre: Ismael. 

El significado del nombre Ismael es Dios oirá - escuchará. Dios había visto la situación de Agar. Dios no estaba ajeno a la vida de Agar. En esta escena podemos ver la misericordia de Dios. Si la descendencia prometida debía venir por Sara, ¿por qué Dios permitió que Agar concibiera y luego tuviera una gran descendencia? Dios tiene un plan para la descendencia de Ismael. Cuando el pueblo de Ismael clame al Dios verdadero, él escuchará. 

Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó a él, le oyó. Salmo 22.24

Nuestro Dios es un Dios de Misericordia, una misericordia incomprensible para nosotros. A pesar de nuestros fracasos y que muchas veces no le buscamos, Dios sigue obrando con compasión y encamina las cosas para bien.