"Fuerza y honor son su vestidura, y se ríe de lo porvenir."
— Proverbios 31:25
Hay risas que esconden temor, otras que son puro sarcasmo, y también aquellas que nacen del alma tranquila. En la Biblia encontramos dos tipos de risa profundamente distintas: la risa de Sara y la risa de la mujer virtuosa en Proverbios 31.
Cuando Dios le promete a Abraham que Sara tendría un hijo, ella reacciona con una risa escéptica. ¿Cómo no hacerlo? Tenía años deseando ser madre y ya era anciana. Su risa (Génesis 18:12) es una mezcla de incredulidad y resignación. Pero Dios no la reprende con dureza. Al contrario, transforma esa risa en una experiencia de fe. Tiempo después, cuando nace Isaac —cuyo nombre significa “risa”— Sara ríe de nuevo, pero esta vez con gozo:
"Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere se reirá conmigo.” (Génesis 21:6)
En contraste, la mujer de Proverbios 31 se ríe de lo porvenir. Su risa no nace del escepticismo, sino de la confianza. Ella no teme al futuro porque su fuerza está anclada en Dios. No se ríe por desconocer los desafíos que vendrán, sino porque ha aprendido a descansar en las promesas del Señor. Vive con propósito, dignidad y fe.
🌱 Entre Sara y la Mujer Virtuosa
Ambas risas nos hablan de un proceso:
Sara ríe porque no entiende cómo Dios podría obrar en lo imposible.
La mujer virtuosa ríe porque ya ha aprendido que Dios siempre obra, incluso en lo imposible.
Una representa el inicio del camino de fe; la otra, la madurez de una vida caminando con Dios. Y tal vez, si somos honestas, muchas veces estamos más cerca de la risa de Sara que de la de la mujer de Proverbios. Dudamos, nos reímos por no llorar, nos cuesta confiar.
Pero Dios es paciente. Él toma nuestras risas nerviosas, nuestras dudas, y las transforma en testimonio. Donde hubo escepticismo, Él siembra gozo. Donde hubo temor, Él edifica confianza.
🙌 Ríe, pero con Esperanza
Hoy, quizás no entiendas cómo se resolverá cierta situación. Quizás hay promesas que parecen demasiado lejanas. Pero hay una risa que viene del cielo, una risa tranquila que nace cuando decidimos confiar.
Que podamos vestirnos, como dice el versículo, de fuerza y honor, y mirar hacia el futuro sin miedo. Que nuestra risa no sea de burla ni de duda, sino una expresión serena de quienes saben que el porvenir está en manos de un Dios fiel.
